domingo, 9 de diciembre de 2012

Los príncipes azules destiñen más que las caperucitas rojas


- Ella nunca buscó un cazador para el lobo.

- ¿Podía matarlo ella sola, quieres decir?

- ¿Matarlo? ¡Al contrario!, las caperucitas que yo admiro son capaces de enamorar, sin tan siquiera querer, a los lobos más fieros.