jueves, 30 de octubre de 2014

Escribo para que el tiempo no me mate


Nací en Asturias, una tarde de abril, que cayó en otoño. Mi primera palabra fue “uno” y desde entonces, vago sin rumbo entre la rima de las matemáticas y la solución de la poesía.

Cuando nadie me ve, espío al vecino flaco del quinto, en cuya sombra empiezan casi todas mis obras y terminan cuando una rubia, rizosa, echa sus cortinas.

Me aterra poder enamorarlo un día, ser feliz y encontrar la salida de esta inspiración melancólica que me obliga a llenar de entradas mi blog; mientras tanto, escribo para que el tiempo no me mate.

miércoles, 29 de octubre de 2014

A veces, es la vida la que no sabe qué quiere hacer de nosotros


Me hizo llorar, no sé si de alegría o de tristeza. Al menos, sé que no lloré de vergüenza, que es lo que me hubiera quedado...de no haber sentido nada.

martes, 28 de octubre de 2014

martes, 21 de octubre de 2014

viernes, 17 de octubre de 2014

Cuando una batalla está perdida, sólo los que han huido pueden combatir en otra

- Cuando volvió a su rutina de mirar el móvil siete veces por cigarro, tuve claro por donde iban los tiros.
- ¿Por qué entonces no los esquivaste?
- Porque solo cuando la sangre brotó, tuve la certeza de haber estado durante todo este tiempo viva.

martes, 14 de octubre de 2014

¿Dónde se esconden las baldosas amarillas cuando apagamos la luz?


Casi 500 km caminando juntos y nos fuimos a perder en un apartamento de 43 metros cuadrados.

Habían pasado 12 días desde que prometimos no olvidarnos, y ni uno solo dejé de regar la piedra que me dejó bajo custodia. Apenas se distinguía ya en sus aristas, el “Julio 2014” que había escrito, cuando besarnos era el destino y esperaban las heridas a ser cobradas a plazos.

Qué ingenuos fuimos pensando que podríamos escapar de sus intereses, mientras estos nos ansiaban, agazapados, detrás de cada puerta; impacientes por recaudar todo lo felices que habíamos sido de más.

No esperaron a asaltarnos las deudas, a que termináramos de quitarnos la ropa, y aunque me di cuenta en el momento, preferí seguir desabrochando los botones de su camisa, por adicción, uno a uno. Mientras, me repetía sus palabras de aliento peregrino “piensa en el siguiente, el siguiente paso es el que llega y ese aún no duele” Pero esta vez dolió, pues cuando arranqué su último botón, descubrí que bajo su camisa no había nada, y lo que era peor aún, no había nadie.

Brotaron antiguas heridas mientras perdía mis deseos buscándole, siguiendo flechas amarillas que nadie había pintado bajo las sábanas. Así, descubrí una foto del camino en la que él abrazaba a mi sombra, una silueta de hada con alas de mariposa entre la que se camuflaba mi pesada mochila. Una de esas mariposas de paso, dije para mí.

Resignada, abandoné nuestra piedra en su mesilla, junto a un “me fui volando” por adiós, en un intento desesperado de seguir haciéndole creer que yo era quien él quería que fuese.

Cuando vino a recogerme la luna, mi sombra también había desaparecido y desde entonces soy yo quien la busco, sigo, imito, espero y aguanto mientras él me pisa para besarla y le susurra te quieros que a mí me llegan siempre negados.

domingo, 5 de octubre de 2014

Este mi cuerpo de ayer, sobreviviendo de hoy


En ese momento, en el que solo queríamos besarnos, la luna estuvo mucho, muchísimo más cerca. Jamás imaginamos, que al abrir los ojos todo se hubiera ya derretido y no nos quedara ningún motivo para seguir allí abrazados, dándonos calor.