domingo, 20 de noviembre de 2016

Tarareábamos cuando éramos reyes. Nos sentíamos dioses.


Querido 29,

Hoy he vuelto a irme de Madrid. Te parecerá ridículo, o ridícula, pero sigo viajando en autobús por seguir alimentando aquella fantasía nuestra de no subirnos en ningún tren.

"Nuestra", hacía tanto que no me refería a ti y a mi como nosotros... en verdad, hace tanto de todo... pero hoy, al perder una lágrima al apoyarme en la ventanilla, recordé cuando me pasó lo mismo con aquel vagón, aquel que se escapó mientras yo me repetía que no quería querer besarte.

"Puedes ganarme a mi" me escribiste cuando te conté que no había llegado a tiempo y luego no me atreví a moverme del andén, por si acaso mis pasos pudieran terminar en tu vida.

Recuerdo que dijiste "No puedes ignorar al destino, Midori, ¿o acaso no crees que es demasiada casualidad habernos encontrado tan lejos de los nuestros?" Lo recuerdo, ¿Cómo no iba a recordarlo si lo imagino cada noche? Lo que me sorprende es lo rápido que olvidé cuando yo era Midori y creaba constantemente personajes que solo eran felices en las historias que escribía para ti. Personajes que siempre llegaban a tiempo y que a diferencia de mi, nunca se equivocaban de estación.

Querido 29, me lo he preguntado muchas veces... pero... ¿cómo será posible que eche más de menos aquellas historias que a ti? A ti, a quien he escrito tanto..., a quien he mentido tanto... a ti, a quien he mentido incluso más veces de las que pretendía.

Pero... querido 29, ¿qué iba a decirte yo? Si no había probado aún esta tristeza ¿como iba a saber entonces que hay sentimientos que si pueden durar toda la vida?