lunes, 29 de septiembre de 2014

Lo malo de llegar hasta el final es que allí sólo hay caminos de regreso


Esta mañana terminé con la calculadora, la ahogué en la cubitera del whisky para aliviar su complejo de espejo de Blancanieves. 

La relación se había vuelto insoportable en los últimos meses, en los que yo intentaba explicarle, que en la poesía, las métricas que tienden a infinito, se confunden con las que lo hacen a cero; ambas son imposibles y nadie ha conseguido cazarlas. 

Luego se burlaba mirando mi papelera, llena de minas afiladas cual lanzas perdidas en mis intentos de describirlo; todo folios en blanco que no sé si respondían a lo poco que él era, o a lo mucho que a mí me parecía. 

Por lástima, tampoco él entendió, que querer a demasiadas, era lo mismo que querer a ninguna y me miró con mala gana cuando le tiré mis demostraciones en la bañera. Nunca soportó que escribiera en formato digital y que mi ordenador estuviera siempre conectado a la corriente.

3 comentarios:

  1. "lo poco que él era, o a lo mucho que a mí me parecía. "
    ¿Cuando lo descubriste?

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  2. Lo subjetivo del amor. Me encanta, original, sorprendente, qué gran talento tienes. :D

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  3. Muchas gracias, pero en textos así, el talento es de quien los lee e interpreta. ¿Qué cuando lo descubrí? En verdad tengo la sensación, de haberlo solo inventado (lo cuál probablemente de para otro microrrelato, ya veis como van saliendo, jejeje)

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