martes, 3 de junio de 2014

No tiene ni pies ni cabeza, pero ¿qué se puede esperar de un corazón?



Llevaba años planeando como sería, dos pasos adelante, uno a la derecha y jaque al rey. Luego, bajaría del caballo, un “¿me das tu teléfono princesa?” y un ejército aplaudiría nuestro beso desde lo alto de la torre.

Llevaba tantos años fantaseando con la imagen del monarca derrotado en el suelo, que me sentí vencedor tan pronto sentí la silueta de su teléfono sobre mi mano.

Y aunque nunca la llamé, porque no deben continuarse las partidas que crees ganadas, siempre recordé su número: 66505505π

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