martes, 17 de diciembre de 2013

Llueve sobre mojado, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, sueños equivocados.

Salió corriendo al oír el estruendo de las primeras gotas de lluvia golpear el asfalto. Pensé que querría protegerlas de la caída, pero me equivoqué, su fin era otro. Tenías que haber visto como las acariciaba, curó todas sus heridas, todas las que pudo, y el resto, las gotas a las que no llegaba, la imitaron e igualmente sanaron.

Ojalá la hubieras visto, era una niña con las manos empapadas de ilusiones, ¡qué digo las manos!, creo que le calaban hasta el hueso. Al rato, cuando los truenos casi alcanzaban el cielo que la cubría, eligió un sitio, no era el más seguro, pero si el más bonito de todos los que había, era el más bonito de todos los que pudiera haber.

Arropada por sus primeras amigas de agua, comenzó a escribir con ellas sobre el suelo; no sé lo que puso, pero cuando empezó a llover, y luego a diluviar... ella se quedó allí, riendo, viendo como sus palabras de gotas, flotaban para ella, quizás devolviéndole aquel favor.

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