lunes, 8 de septiembre de 2014

Amor a primer tacto




"No puedo dormir sin peso", le dije.
Y él me dio 59 kilos y medio de razones para soñar.
También un puñado de balas perdidas
que había ido encontrando en sábanas abandonadas
Y con las que aseguraba podría matar
a todos mis "no-puedo"

Dormir con él, era resucitar al tiempo
y sentir su piel con la mía
 mucho mejor que recordarla contra la de cualquiera,
cada despertar, una corona de espinas
con la que reinaba en nuestro castillo de arena
y todas mis cartas de despedida,
trocitos rotos de un futuro epitafio.

“No tuve tiempo a leerlo” siempre decía.
Y yo me culpaba
como se culpa una madre 
que ha comprado con sus últimos dos euros
un cromo repetido.

Después, cogía sus baquetas
y yo perdía mis razones 
entre los ritmos con los que me marcaba el corazón
o la cabeza, no lo tengo claro
porque siempre me hacía confundirlos.

Hoy hace exactamente 1 año y 138 poemas
que ambos se pararon y no nos vemos
y a pesar de que me siga escribiendo a diario
como si yo fuera el suyo
sigo teniendo esa sensación absurda de creer que funcionaría.

Pese a que no lo quise, ni lo quiero
y sé que tampoco lo querré
pero estoy lejos, muy lejos de soportar que él sienta lo mismo.

3 comentarios:

  1. Funcionar es tantas cosas... a mi me suele bastar como sinónimo de dormir, siempre que dormir no implique soñar cosas que al despertar se vuelven imposibles.

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