jueves, 28 de agosto de 2014

La paz es siempre injusta con los muertos


El notario hizo un avión de papel, con los restos del poema que acababa de recitar; mientras, los asistentes aplaudían eufóricos al grito de ¡Otra!¡Otra!. 

Terminó aterrizando el primer testamento que leía en verso, sobre el techo de un camión que corría al matadero. Así que en honor a su autor, cenaron esa noche, todos sus familiares bistec.

Fue la única herencia que llegó al albergue, en el que dormían después de haber sido desahuciados algunos meses atrás. A la que los niños, respondieron eufóricos, al grito de ¡Otra!¡Otra!. 

El padre miró a su mujer buscando inspiración, sabía que el próximo en convertirse en poesía debía ser él.


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