Esa pequeña muerte que nos asesina poco a poco, día a día y que no puedes matar cuando la buscas

Cayó en mi cama y despertó en mis sueños. Corría delante del hacha de una carnicera que presumía de vender las almas más frescas.

Estuve 3 meses, tal vez 4, sin poder dormir por temor a cerrar los ojos y que aquella mujer lo alcanzara.

Una madrugada, mientras paseaba, lo encontré; no me reconoció, por lo que me fue muy fácil terminar con el temor de que fuera otra quien lo matara.

Desde entonces duermo plácidamente, así que no te preocupes, ni te enterarás de que estoy aquí.


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