Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos, te vas a arrepentir toda la vida, si le contestas que no





Dejé en su casa todos mis síes; de alguna manera, pensé, que teniendo tantos, algún día podría devolverme alguno.

Pasado un tiempo, tras volver a coincidir su cuerpo con el mío, abrí su mesilla de noche. La esperaba repleta de tantas afirmaciones como en ese momento yo necesitaba. Por lástima, me encontré solo envoltorios de encuentros en los que le habría dado a cualquiera, o peor aún, a ella, cuantas promesas le había yo regalado.

Rompió mi tardanza con un insistente “¿Entonces? ¿Te quedas?” y yo que ya no podía contestar SI, ni quería responder NO, me quedé callada, asumiendo él, que quien calla otorga.


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