Cerrado por derribo



Volví el rostro y me preparé, tal y como hubiera hecho de no haber sentido el peso de sus ojos sobre mis piernas.

Abroché los últimos tres botones que le sobraban a mi camisa y empecé a subir las medias. Poco a poco, como quien deja que agonicen los últimos despojos de un gran secreto.

Avistando el nailon mis muslos, me volví de nuevo. Fueron entonces mis ojos los que pesaron sobre los suyos, que sorprendidos, intentaban descifrar la contraseña que se entreveía en el candado de mis bragas. Algo decía de un tal  "lugar de la mancha, de cuyo nombre..."


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