miércoles, 8 de enero de 2014

Disfruta del baile, es solo uno, será inolvidable, pero por lo que más quieras, no te enamores…

Le retiró el pelo de la cara a la par que tiraba de la cuerda, ya floja, que sobresalía de su espalda. La música se desperezó sin fuerza, sus ojos amanecieron y sus brazos crecieron como ramas; no opuso resistencia la resignación que brotaba de sus pies al compás que crujía.

Él sonreía entusiasmado, viendo como ella bailaba para él, como repetía los mismos movimientos que hacía para cualquiera.

Al cabo de 2 minutos volvía su cuerpo a estar rígido, y él, que ya no tenía más cuerda, solo pudo tirar de la suya y sentir como sus ojos se ponían, sus brazos menguaban y sus piernas, casi raíces, se oponían a la resignación de no volver a bailar nunca más con ella; de no volver a bailar nunca más con nadie… de no volver a bailar nunca más con ella.

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